Vomita fuego

Un 'te quiero' dicho con la piel

Tu cuerpo me estaba diciendo lo que a viva voz no te atrevías admitir. Me quieres

Hay personas que necesitan usar palabras para comunicarse. Al menos yo, sí. Sin embargo, con los años he tenido que acoplarme a los demás. Ya que no todos somos extrovertidos y hay líneas que no siempre se pueden cruzar. Pero entonces, ¿cómo te digo que te quiero sin decirlo?

Era viernes, 14 de febrero y por supuesto las endorfinas y la pasión se sentían en el aire. Pasar un día de trabajo "normal" no era posible. Me la pasé pensando en nosotros, mojando la ropa interior. Tenía muchas ganas de sentir tu piel, de conversar cuerpo con cuerpo.

Los nudes que nos estuvimos texteando durante todo el día vinieron muy bien. Cuando coincidimos, ya estábamos ardiendo. No nos tuvimos que saludar con palabras pues las caricias y besos hablaron más. Sentir tus caricias me enviaba una corriente por la espalda hasta llegar directo al clítoris. Esa corriente que nos avisa que lo que viene va a estar bueno.

Me escuchaste soltar un gemido y eso fue suficiente para encendernos más. Me besaste tomándome por el cuello, el pelo, los pechos, la cintura, las nalgas. Me apretaste toda como para indicar que me deseabas. Me lamiste, mordiste y me saboreaste. No permitiste que se escapara ni un poco de mi que pudieras saborear.

A una velocidad con desenfreno me desnudaste. Me querías oler. Eras como una bestia con hambre, oliendo a su presa antes de devorarla. Tenías hambre y yo había llegando lista para ser tu cena. Era obvio el olor a bellaquera y el resplandor en nuestros rostros avisaba que lo que queríamos era darnos fuete.

Querías mirarme. Me dejaste expuesta, abierta, mostrándote todo mientras te tocabas al mirarme. Al parecer la jugada era cuán excitado se puede estar antes de reventar. El cuarto ya olía a sexo y ni habíamos comenzado.

Te lo pedí. “Cómeme. No puedo esperar más”; y como buen siervo te pusiste de rodillas, seguiste mis órdenes y me comiste. Es más, me devoraste. Me comiste al son del reggaetón en el fondo, con mejor ritmo que en la disco. “Darle hasta abajo” hoy tenía otro sentido. Me besaste como nunca lo habías hecho. Me chupaste como paleta de San Valentín.

Al tercer orgasmo, ya estaba lista. Más lista que nunca. Por un momento sentí como si los cuerpos de ambos hubieran sido hechos el uno para el otro. Encajaste perfecto. Te quise dejar adentro, recibirte y no dejarte ir. Nos movíamos de forma unísona. Encontraste mi punto y no lo dejaste de presionar. Me querías ver llover y yo estaba puesta para ello.

Perdí la cuenta de las veces que me hiciste venir, pero lo que no pasó desapercibido fue el lenguaje de tu cuerpo, esta vez se expresaba diferente. La conexión que nos encendía era como una electricidad que recorría desde la entrepierna hasta cada extremidad. Tu cuerpo me estaba diciendo lo que a viva voz no te atrevías admitir. Me quieres.

- La que vomita fuego

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