Sola me gusto

Siempre clítoris, nunca inclítoris

Había una vez, muchísimos años atrás, un mundo en el que las mujeres gozábamos libremente de nuestra sexualidad.

A través de la historia vemos una escasa o nula representación del placer femenino. Pero lo más cabrón es que todo tiene su propósito, y no es ninguna casualidad que nunca nos hayan hablado del clítoris hasta ahora.

Había una vez, muchísimos años atrás, un mundo en el que las mujeres gozábamos libremente de nuestra sexualidad. El orgasmo femenino era un big deal tan importante que creían que mientras más orgasmos tuviera una mujer, más probabilidades habría de quedarse embarazada. So imagínate la explosión de placer que había día y noche en cada esquina…

 

Pasaron los años y comenzaron a llegar macharranes aburridos de la vida, con un tiempo libre envidiable (ya que no había redes sociales, ni Netflix), que se dedicaron a “investigar sobre la vulva”, llegando a teorías que nos jodieron con cojones (y nunca mejor dicho). Comenzaron a crear estudios disque médicos tratando de probar que la masturbación femenina era una de las peores cosas que la mujer podía hacer. Inventaron métodos para impedirla como la extirpación del clítoris, hicieron creer que la masturbación femenina era un pecado, que los labios vaginales ayudaban a las brujas a hacer pociones malignas; y no podemos olvidarnos de la teoría más conocida de todas, con la que nuestro amigo Freud nos declaró histéricas por estar bellacas. Según él, las mujeres jóvenes e inmaduras tenían sólo orgasmos clitorianos, mientras que poder alcanzar orgasmos vaginales (a través del coito) significaban madurez femenina. Eso sí, si una mujer no llegaba al orgasmo bajo la penetración vaginal era diagnosticada como frígida. ¿Cómo te quedas? Yo con ganas de decirle: “Wele bicho quien tu ere”.

No fue hasta la década de los 60 cuando Master & Johnson publicaron una investigación donde demostraron que el centro de la sexualidad femenina sí era el CLÍTORIS. Las feministas de la época comenzaron a luchar y a darle visibilidad a este gran descubrimiento, mientras gritaban por las calles manifestando los derechos para la liberación sexual de las mujeres.

Pasaron algunos años más y puñeta, al fin ocurrió algo interesante y bien cabrón. En el año 1998 (los otros días) Helen O’ Connell descubrió que el glande del clítoris es SÓLO la punta del iceberg:

Hoy en día, todas nosotras tenemos en nuestras manos la continuación de la historia del clítoris. ¡Descúbrete, quiérete y tócate!