Vomita fuego

¡Que rico papi!

Así que me apresuré a la sala, acosté al "daddy" muy cómodo en el sofá y me senté en su cara

Esta historia es basada en hechos verídicos, aunque parte de la historia fue modificada. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

Durante estos días sin agua, opté por irme a casa del "daddy". Él me invitó y, como me fascina ser consentida, fui deprisa. Al llegar y percaté que era en la misma semana que le tocaba con el nene, sentí que mi suerte junto con mi libido bajó.

“¿Por qué no me avisaste?”, le dije.
“Porque no importa. Ya él te conoce y le agradas.”, me respondió.

¿Qué remedio no? Solo a mí se me ocurre salir a la calle poco antes que "La Gobe" mande a recogernos. Así que ya pasaré la noche con ellos.

El sentimiento fue nuevo, pero familiar. Me refiero a sentir el peligro de ser descubiertos pero, en este caso, en vez de ser descubierta por mis padres, yo soy la adulta y él es el padre.

Comenzamos la jugada en la cocina, él estaba preparando la cena pero yo había llegado insaciable, deseosa de tenerlo en mi boca. Verifiqué que no corriéramos peligro, y me lancé de rodillas. Él con una mano en el cucharón, otra en mi cabeza, y yo con ambas dentro de su pantalón.

“Cuidado, no hagas mucho ruido”, me dice.
“Yo no hablo con la boca llena”, respondí.

Lo saboreé como nunca, hice un trabajo cinco estrellas, y ya lo tenía al borde de la eyaculación, cuando me toma por la quijada, me levanta y me voltea para preguntarme al oído: “¿Estás lista?"

¡MUY LISTA!, pensé. La adrenalina del miedo a ser descubiertos es el mejor afrodisíaco que he probado. Sin hablar, bajé mis panties hasta los muslos y me doblé, con el torso sobre el counter, dándole acceso completo desde atrás. Fue rudo y rápido, mientras mirábamos que no se nos quemara la cena. Pero todo eso lo hacía más excitante. Casi tenía que morder mi lengua para evitar gemir de placer. Entonces me dijo:

“Déjala adentro. Cenemos así”.
“Regreso ahora con una mejor idea", respondí confiada. ¡Lo que venía estaba mejor!

Fui al baño para limpiarme mientras analizaba mi plan maquiavélico. ¿Qué tal si lo éxito durante la cena? Alcanzo mi sleepover bag y saco el butt plug que había traído para divertirnos. Lo introduzco, y regreso al comedor para ver que él ya está sentado con su hijo (quien está de espaldas a mí). El "daddy" levantó la vista, y ese era mi momento, me volteé de prisa y subí mi falda para mostrarle el secreto que ahora ambos íbamos a compartir. ¡Los ojos le brillaron!

Me senté a su lado e intentamos continuar con la cena como si nada estuviera pasando; difícil, pero posible. A los pocos minutos, sentí su mano subiendo por mi falda, levanté la vista y me guiñó. Mientras comíamos, acariciaba mi entrepierna, y eso me daba unas cosquillas que las sentía hasta en los pezones. ¡Esto es adictivo! Me excita demasiado tener que contenerme el goce.

Para mi suerte, después de la cena su hijo decidió irse a la habitación a grabar TikToks. Así que me apresuré a la sala, acosté al "daddy" muy cómodo en el sofá y me senté en su cara. Ideas perversas pasaron por mi mente y comencé a moverme como si estuviera cabalgando, buscaba tener sexo con aires de tabú. Me sentía traviesa, caliente y expuesta. Tenía la sensación de que alguien nos observaba. ¿Serían los vecinos, los gatos, su hijo desde algún rincón? No sé, pero sentía ojos encima y eso solo provocaba que me luciera más. Me incliné hacia al frente para sumar un 69. ¡Yo también quería postre! Me lamía, lo chupaba, me apretaba el butt plug, lo besaba, metía sus dedos en mi vagina, y yo me lo llevaba hasta la garganta. Llenamos la habitación con el aroma de nuestros fluidos. Pero recordamos que no estábamos solos, así que nos detuvimos para mirar y aseguramos que todo estuviera bien. ¡Igual que dos adolescentes en plena pubertad! Entonces juntamos la puerta del pasillo para seguir.

Me posicioné en cuatro sobre el sofá, él me tomó por el pelo y entró en mí sin titubear. Me lamía por el cuello y me decía al oído cómo se disfrutaba cada movimiento. Eso me encendía más, así que tuvo que subir el volumen al TV, para esconder mis gemidos.

Me volteó para mirarnos cara a cara y volvió a entrar en mí. Sentimos una conexión corporal plena. Desde que iniciamos en la cocina, la pasión había incrementado de tal manera que los cuerpos ya se sentían como uno. Nuestro genitales se comunicaban en un baile unísono buscando la clave del orgasmo.

Me miró fijamente y me preguntó: “¿Ya me das permiso"? Nos preparamos para terminar, ya había pasado mucho tiempo y comenzábamos a desenfocarnos. Entonces se le ocurrió la mejor idea, remover el butt plug y con la misma lubricación del momento me penetró por detrás, así mismo, mirándonos. Pude ver cómo cambió su rostro, no aguantaba más, así que me le acerqué al oído y le susurré:"llénalo todito”. Me apretó, me mordió, suspiró como si parte de su espíritu saliera afuera, y de pronto escuchamos que la puerta se abrió...

- La que Vomita Fuego