Diario

Espontáneo

Te preguntarás por qué he elegido hablar sobre este tema, pues la respuesta es sencilla: por que nadie lo hace.

Si alguna vez has estado embarazada sabes que esas primeras semanas, cuando ya la prueba te confirma el positivo, todo es pura emoción. Una mezcla de nervios, felicidad, expectativa, preocupación, ansiedad y en ocasiones hasta tristeza. Pero con todo y ese desorden de emociones, sales a compartir la noticia, y todos se emocionan contigo y te felicitan. Esto va creando un estado de felicidad y orgullo inevitable en ti, que te eleva y te hace sentir poderosa porque vas a ser madre, vas a crear vida y vas a darle el regalo de ser padre a tu pareja. Visualiza toda esa emoción y que luego en un segundo te empujen de la nube dándote la noticia de que tu cuerpo no está creando vida, sino todo lo contrario. ¿Ya entiendes por dónde voy?

Te preguntarás por qué he elegido hablar sobre este tema, pues la respuesta es sencilla: por que nadie lo hace. Nadie nunca te habla o te educa sobre los abortos naturales o espontáneos, y mucho menos te orientan sobre lo usuales que son, antes de pasar por uno. Tan usual que cada mujer puede llegar a experimentar por lo menos uno en su vida. Además, se cree que uno de cada cinco embarazos acaba en aborto, aunque en la mayor parte de los casos la madre no llega a enterarse, pues a veces la gestación es tan breve que se produce antes de saber que ha habido embarazo y la pérdida se confunde con la menstruación o con un retraso normal. Entonces, ¿no te parece que al ser algo tan común, deberían prepararnos para ello? Pues aquí comparto mi historia esperando que pueda servir como consuelo y orientación para todas aquellas mujeres que pasaron, estén pasando o puedan pasar por un aborto.

Todavía recuerdo cuando comenzó el dolor, tenía 10 semanas de embarazo pero ya había perdido la ilusión de ser madre por segunda vez, pues el doctor me había indicado que no experimentaba un embarazo saludable.

En mi primera cita al ginecólogo, ya teniendo los resultados positivos, el doctor me examinó pero no logró ver ninguna formación de feto, lo que le estuvo curioso, pero no descartó la posibilidad de que yo tuviera menos tiempo del estimado. Por lo que me pidió regresar en una semana para entonces poder hacer una determinación más certera.

A la semana regresé y nada había cambiado, entonces el doctor me indicó que tenía un “saco gestacional vacío” o “embarazo anembrionario”. Esto lo que significa es que el óvulo fecundado se implantó en el útero pero el embrión dejó de desarrollarse en una etapa muy temprana o no se formó. Me explicó también que este tipo de aborto espontáneo era muy común y que no debía sentirme mal, ni pensar que había algo mal en mi cuerpo. Me dijo que yo estaba saludable y no tenía ningún problema físico para concebir.

Sus palabras me dieron algo de consuelo, pero naturalmente quedé afectada porque era la primera vez que pasaba por un aborto. Más nunca me habían explicado lo que era, fuera de las connotaciones negativas y los juicios que le adjudican.

Las próximas semanas pasaron lentas en la espera de lo inevitable. El doctor me había dado a elegir entre hacerme un raspe uterino o pasar por el proceso de aborto en forma natural. Entonces, a sabiendas de que el raspe se hacía con anestesia espinal y ya yo había tenido una muy mala experiencia con esta, preferí proceder con el aborto naturalmente.

Pasaron aproximadamente dos semanas más y ya los síntomas del embarazo habían desaparecido, la barriga había vuelto a su estado normal y estaba sangrando parecido a mi menstruación normal. Pensaba que ya todo había terminado, pero una tarde cuando salí del trabajo y me dirigía hacia la casa, en medio del tapón comenzaron los dolores. Estos eran iguales a las contracciones de parto (lo sé porque ya soy madre). Las contracciones iban y venían cada vez más fuertes y más corridas. Cuando llegué a la casa no aguantaba el dolor, fui corriendo al baño y llorando me coloqué en posición de sapito sobre la tapa del inodoro, pues mi instinto así me lo pedía. Comencé a pujar, literalmente como si fuera a parir un bebé. A los pocos minutos salió de mi una masa circular cubierta en sangre del tamaño de un puño de hombre. Después de eso todo acabó, paró el dolor, las contracciones y la desesperación. Al día siguiente visité a mi ginecólogo y este me dijo que todo había quedado limpio y que no había necesidad de hacerme raspe para eliminar residuos que pudieran causar infecciones u otras complicaciones.

En fin, espero que si alguna vez pasas, o ya has pasado por esto, sepas que no estás sola, que no es nada raro lo que te sucede, que no hay nada malo en ti, que los abortos son completamente normales y si alguna vez necesitas hablar de ello, cuentas con Papaya para hacerlo. 😉


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