Vomita fuego

Encuentro sáfico

Ambas estábamos enardecidas, deseosas por tocarnos

Esta historia no es basada en hechos verídicos, es completamente ficticia. Apoyamos las pasiones, pero no la propagación de viruses y bacterias. Quédate en casa y ​controla la bellacrisis​.

Se nos hizo difícil, casi imposible contener nuestra pasión. Desde antes de la cuarentena veníamos calentándonos y, 30 días luego, tuvimos que dejar el miedo en la gaveta de los dildos para salir a follar.

Mis manos ya no aguantan más sexting y mi entrepierna arde de tanto pensarte. Me muero por sentir tu piel, quiero alimentarme con tu olor. Ya hemos tenido la suficiente precaución con esto del aislamiento social, así que ahora podemos disfrutarnos al menos una vez.

Ambas estábamos enardecidas, deseosas por tocarnos. Te expreso por escrito mi deseo y rápidamente suena el teléfono. Enviaste una foto...de ti...de tu entrepierna, mostrando lo ansiosa que estás por recibir placer.

Con desespero llego a ti y te encuentro con la cara de fiera a punto de cazar. Siento tus pezones rozando mi piel y el clítoris me tiembla.

“Necesito verte desnuda”, te aviso, y me llenas la boca con tu lengua haciendo que saboree tu pasión. Te beso el cuello desnudándote. Te beso los pechos, el abdomen y te desnudo de prisa, como si estuviera abriendo un regalo en Navidad. Mi desespero te excita. Veo como tu cuerpo pide mi lengua.

Nos acostamos en tu cama, y acaricio con mis labios tus zonas erógenas más sensitivas. Quiero hacerte venir antes de tocarte allí, yo sé que la provocación te encanta. Relamo cada rincón de tu cuerpo, tus axilas, tu costado, detrás de tus rodillas y te aprieto intentando consumir más de ti. Hasta que bajo a tus muslos, a relamer, a besuquear e incitar. Me preguntas: “¿Por qué siempre quieres escucharme rogar?”, a lo que respondo: “Escucharte deseosa saca lo silvestre en mí”.

Te agarro por los glúteos, te volteo y me lanzo hacia ti para soltar un sorbo caliente que te moja toda. Pego mi lengua fuertemente para practicar un "vals-clitorial" que te provoque revolcarte con las estrellas. Te hago estremecer. Se te endurecen los pezones y te provoco cosquillas que entran por tu vagina cada vez que curveo la lengua.

Sostienes mi cabeza para danzar con ella hasta que me bañas con todos los fluidos pasionales que venías reteniendo para mi. Viendo tus piernas temblorosas, no tengo duda que estas lista para recibirme. Te inclinas con la cabeza abajo y tu trasero apuntando hacia el techo. Me acuesto debajo de ti para seguir teniendo acceso a tu clítoris, chupo dos dedos y los inserto en ti. Despacio, quiero disfrutar cada contracción para conocer la velocidad a la que quieres recibirme.

Te sacudes y te retuerces, te enderezas y vuelves a tu posición mientras pierdo la cabeza tratando de rescatar cada sabor que sale de ti. Hasta que sentí tu endurecimiento. Te sentí hinchada y ahí supe que estabas lista para entregarte por completo. Encontré el lugar perfecto para encajar mis dedos y te abracé con mis labios. Lo sentí contraerse mientras alcanzabas el orgasmo y continué jugando contigo, con tus contracciones. Ellas venían y yo empujaba con fuerza intentando expulsar cada gota de pasión que tenías acumulada. Te exaltas, culminas y te relajas para mirarme tiernamente a los ojos y decirme: “ahora vas tú”.

- La que Vomita Fuego

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