Vomita fuego

Átame como soga de Boy Scout

Primero restringió mis manos para darme placer sin que yo pudiera tocarle, tomando el control para hacerme estallar.

Esta historia está basada en hechos verídicos, aunque parte fue modificada. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

En esta casa somos bastante kinky. Mi pareja y yo, ya hemos hecho una que otra cosita interesante como voyeurismo, dominancia y masoquismo. Somos bastante abiertxs en esos temas y tenemos mucha confianza. Por decirlo así, llegamos a un grado de intimidad en el que consentimos a otras actividades nada convencionales. Además, la pandemia se ha prestado para intensificar nuestras ganas de aventurar y probar algunos kinks a los que más le teníamos. Cabe resaltar que tradicionalmente los kinks son vistos como “cosa de gente rara”, pero para quienes entienden y aprueban estos comportamientos usualmente no se trata solo de sexo, sino de intimidad entre parejas. Estos actos que aumentan el dolor / placer también aumentan la intimidad entre las parejas. Además, nunca debemos olvidar que el sexo kinky, debe ser sexo plenamente consensual y no por complacer al otrx. Para nosotrxs, además de sexo explorativo y consensual, es un acto de autoconocimiento que nos lleva a conocer nuevas áreas de nuestra sexualidad que deseábamos compartir. 

Todo comenzó una noche de exploración. Recién nos llegó un proyector y luego de estrenarlo como cualquier otra persona lo haría, decidimos pasearnos por una selección pornográfica. 

“¿Y a ti, qué te gusta ver?” 

Luego de un año de ser pareja estamos en estas, hablando como adolescentes durante la madrugada, compartiendo nuestro historial de búsqueda para conocernos mejor. Hemos explorado el sexo en grupo, el intercambiando de parejas, algo de edge play y hasta golden showers.

Un día, mientras disfrutábamos de nuestro proyector, del tamaño de la pared veo proyectada una mujer amarrada con soga crema alrededor de todo su cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Comenzó colgando del techo, sujetada desde la espalda, entonces hizo entrada un segundo personaje que le practica sexo oral. Luego, una tercera persona entra a escena y solo se sienta a observar. A la personaje principal le mueven de posición más de una vez, pero cuando la amarraron con las piernas sobre su cabeza, sentimos que la temperatura entre nosotros subió de nivel. Le miré seriamente a los ojos y le dije: “lo quiero intentar”. 

La cuerda o soga es la herramienta original de sumisión y encontrar cuerdas adecuadas son esenciales para un juego seguro y placentero para todxs. Un viernes sabroso recibimos la cuerda Kink de Doc Johnson, con 50 pies para jugar y hecha de cáñamo natural (similar a la que habíamos visto en la película).

Nos preparamos para una noche divertida y consentida con amor, deseo y mucha agua. Las fibras flexibles de la soga contornearon mi cuerpo, deslizándose suavemente por mi piel. Con la suerte de que mi pareja tiene experiencia de Niño Explorador y hace nudos como aquellos de Rango Águila; antes de apretar, me preguntó suavemente al oído: “¿cómo vas?”, a lo que respondí: "queriendo más".

Primero restringió mis manos para darme placer sin que yo pudiera tocarle, tomando el control para hacerme estallar. Luego ató mis tobillos a mis muñecas colocándome en la misma posición que vimos en la película, esa que nos elevó la temperatura. Ahora tenía acceso completo para mordisquear mis muslos mientras se acercaba a la entrepierna. Me practicó sexo oral hasta que dejé se sentir la separación entre mi clítoris y su boca. No sabía si podría más, me sentía como cuando corres un maratón y te falta el aire pero la satisfacción es tan deliciosa que quieres seguir corriendo aunque te desmayes. Toda mi piel estaba erizada, mi entrepierna ardía, latía, quería más… entonces me penetró. Transcurrieron quizás cinco a seis minutos y yo solo sentía corrientes que comenzaban en nuestros roces y recorrían todas mis extremidades hasta sentir la piel hecha remolinos. Mi vagina y mi corazón palpitaban a la par; le miré a los ojos y antes de poder expresar qué iba a pasar, sentí una presión en el pecho y comencé a "crygasm". Con cada pulsación sentía que le escuchaba decirme que soltara, que lo diera todo. Terminó el llantén y él me vuelve a preguntar: “¿cómo vas?”. 


Por La que Vomita Fuego